Leccionario II - Sábado después de Ceniza

Tiempo de Cuaresma

SÁBADO DESPUÉS DE CENIZA

PRIMERA LECTURA
Is 58, 9b-14
Cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo, brillará tu luz en las tinieblas

Lectura del libro de Isaías.

ESTO dice el Señor:
«Cuando alejes de ti la opresión,
el dedo acusador y la calumnia,
cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo
y sacies al alma afligida,
brillará tu luz en las tinieblas,
tu oscuridad como el mediodía.
El Señor te guiará siempre,
     hartará tu alma en tierra abrasada,
     dará vigor a tus huesos.
Serás un huerto bien regado,
     un manantial de aguas que no engañan.
Tu gente reconstruirá las ruinas antiguas,
     volverás a levantar los cimientos de otros tiempos;
     te llamarán “reparador de brechas”,
     “restaurador de senderos”,
     para hacer habitable el país.
Si detienes tus pasos el sábado,
     para no hacer negocios en mi día santo,
     y llamas al sábado “mi delicia”
     y lo consagras a la gloria del Señor;
     si lo honras, evitando viajes,
     dejando de hacer tus negocios y de discutir tus asuntos,
     entonces encontrarás tu delicia en el Señor.
Te conduciré sobre las alturas del país
     y gozarás del patrimonio de Jacob, tu padre.
Ha hablado la boca del Señor».

Palabra de Dios.

Salmo responsorial 
Sal 85, 1b-2. 3-4. 5-6 (R/.: 11ab)
R/.   Enséñame, Señor, tu camino,
        para que siga tu verdad.

        V/.   Inclina tu oído, Señor, escúchame,
                que soy un pobre desamparado;
                protege mi vida, que soy un fiel tuyo;
                salva, Dios mío, a tu siervo, que confía en ti.   R/.

        V/.   Piedad de mí, Señor,
                que a ti te estoy llamando todo el día;
                alegra el alma de tu siervo,
                pues levanto mi alma hacia ti, Señor.   R/.

        V/.   Porque tú, Señor, eres bueno y clemente,
                rico en misericordia con los que te invocan.
                Señor, escucha mi oración,
                atiende a la voz de mi súplica.   R/.


Versículo antes del Evangelio
Ez 33, 11
No me complazco en la muerte del malvado —dice el Señor—,
sino en que se convierta y viva.

EVANGELIO
Lc 5, 27-32
No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan
Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

EN aquel tiempo, vio Jesús a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo:
    «Sígueme».
Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa, y estaban a la mesa con ellos un gran número de publicanos y otros. Y murmuraban los fariseos y sus escribas diciendo a los discípulos de Jesús:
    «¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores?»
Jesús les respondió:
    «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan».

Palabra del Señor.

© Conferencia Episcopal Española

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